lunes, 28 de septiembre de 2026

Negociando lo sagrado en el Milagro del Piquete de Anta

 

Negociando lo sagrado en  Territorialidades Disputas: Teologías de la Mortificación, Mirada Queer y Contramemorias Hídrico-Míticas en la Geografía Rural de Anta

Análisis de las transformaciones territoriales, las subjetividades en conflicto y las praxis de fe en el departamento de Anta, Salta

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Resumen

Este ensayo analiza la festividad patronal en honor al Señor y la Virgen del Milagro en Piquete de Anta (departamento de Anta, Salta), registrada el 15 de septiembre de 2026, como un campo de disputa simbólica y material sobre las formas de habitar el territorio rural. Se articulan cuatro dimensiones: (a) la genealogía histórica del despojo, del latifundio a la acumulación verde; (b) el disciplinamiento moral y policial del cuerpo rural, evidente en la homilía de la "muerte de los sentidos" y en el orden procesional; (c) la matriz heteronormativa de la masculinidad gaucha y su desterritorialización por la mirada queer de jóvenes varones; y (d) las economías populares feriales, las éticas del cuidado y las narrativas de contramemoria (poesía, ficción y mito) que sostienen una relación alternativa con la tierra y el agua. Se conservan los datos del registro etnográfico y se los interpreta a la luz de la sociología de la religión, la antropología del ritual, la crítica al poder punitivo, la teoría queer latinoamericana y la ecología política. Se sostiene que el ritual no es un bloque monolítico: el orden hegemónico que ordena la fiesta convive con fisuras protagonizadas por sujetos populares y disidentes que negocian lo sagrado desde la autonomía corporal, afectiva y territorial.

 

Palabras clave: Anta, religiosidad popular, masculinidad gaucha, teoría queer, violencia institucional, acumulación verde, contramemoria


 Sintesis visual del ensayo

Contenidos:

1. Introducción

2. Encuadre teórico-conceptual

3. Nota metodológica y registro etnográfico

4. Genealogía territorial: de la frontera al latifundio y a la acumulación verde

5. El ritual como campo de disputa: la festividad de Piquete de Anta

6. Pedagogía de la mortificación y orden procesional: el disciplinamiento del cuerpo rural

6.1. La homilía de la "muerte de los sentidos"

6.2. El orden procesional y la locución oficial

6.3. El poder de policía como garantía última

7. Masculinidad gaucha y complementariedad patriarcal

8. La mirada queer y la desterritorialización del desfile

8.1. El derecho a la mirada homoerótica

8.2. Sujetos translocales y ética del cuidado entre pares

9. Comensalidad, economía ferial y ecología del cuidado habitado

9.1. La feria como territorio habitado

9.2. Una ecología popular encarnada

10. Contramemoria hídrica, ficción y mitología

10.1. Del río vivo a los madrejones

10.2. El habitar puestero en la ficción de Dávalos

10.3. El mito como teoría popular de la justicia

10.4. Cosmologías biocéntricas y resignificación de la devoción

11. Discusión

12. Conclusiones

Referencias


 

1. Introducción

El departamento de Anta, en el este de la provincia de Salta, constituye un territorio atravesado por capas históricas de despojo y violencia estructural. Concebido como la antigua frontera del Este (Espinosa, 2006), transitó desde la encomienda y la estancia colonial hacia la consolidación del latifundio agroindustrial e hidrocarburífero (Diez Gómez, 2003; Patrón Costas, 1985/2007). En el presente, en él convergen el avance de la frontera sojera y ganadera, el desmantelamiento de coberturas estatales, la sofisticación de mecanismos punitivos de violencia institucional (Pequeño Ragone, 2026b) y la irrupción de economías de "gubernamentalidad verde", como la captura de tierras para el turismo ecológico y el mercado internacional de bonos de carbono (Brockington, 2009; Duffy, 2010).

En ese escenario de desposesión, los rituales de fe, las representaciones de la tradición y la producción discursiva sobre la identidad rural no operan como superestructuras folclóricas aisladas. Son campos donde se negocian, legitiman o tensionan las formas de habitar y resistir (Mallimaci, 2015; Turner, 1974). La producción de subjetividades rurales es una condición de posibilidad para la reproducción del orden territorial. La figura del gaucho y del puestero fue modelada discursivamente como una masculinidad viril, servil y heroica al servicio del patrón de estancia y de la defensa de la frontera (Dávalos, 1928a; Solorza, 2019). Ese ideal encuentra su caja de resonancia en el desfile de fortines gauchos que acompaña las celebraciones religiosas tradicionales, donde la fe pública se imbrica con la jerarquía política, eclesiástica y policial (Pequeño Ragone, 2026a).

La tesis de este ensayo es que la masculinidad gaucha de Anta, construida históricamente como pilar simbiótico del latifundio, de la patronal de estancia y del poder de policía disciplinador (Pequeño Ragone, 2026b; Zaffaroni, 2011), encuentra sus fisuras en dos prácticas. La primera es una mirada homoerótica y translocal que desterritorializa la festividad patronal (Perlongher, 1993; Pequeño Ragone, 2026a). La segunda es la articulación de redes comunitarias e itinerarios de cuidado popular que resisten tanto la pedagogía de la mortificación como la violencia institucional. A esas fisuras se suma una tercera fuente de resistencia simbólica: la contramemoria hídrica, ficcional y mítica que la cultura local preserva frente al despojo.

El ensayo se organiza en doce apartados. Los dos primeros, tras esta introducción, precisan el encuadre teórico y metodológico. El cuarto reconstruye la genealogía territorial. Del quinto al noveno se analiza el registro etnográfico, y el décimo lo confronta con las narrativas de contramemoria. Siguen la discusión y las conclusiones.

Sintesis visual y auditiva del texto del ensayo

2. Encuadre teórico-conceptual

El análisis se apoya en cinco tradiciones que dialogan entre sí.

La primera es la antropología del ritual. Turner (1974) permite pensar la acción simbólica como un campo en el que se dirimen conflictos sociales, y no como reflejo pasivo de la estructura. Hobsbawm y Ranger (1983) aportan la noción de invención de la tradición, útil para comprender el desfile de fortines como dispositivo histórico que naturaliza jerarquías presentadas como ancestrales; para el contexto güemesiano, Solorza (2019) ofrece la genealogía de los fortines. Cannell (2006) sitúa el cristianismo como objeto antropológico, atento a las tensiones entre doctrina y práctica.

La segunda es la sociología de la religión argentina. Mallimaci (2015) muestra que el campo socio-religioso está atravesado por luchas de poder y proyectos políticos, y que la alianza entre élites económicas, autoridad estatal y catolicismo moldeó ciudadanías subalternas.

La tercera es la crítica del poder punitivo y de la violencia. Zaffaroni (2011) señala la selectividad del sistema penal, que recae sobre los cuerpos empobrecidos y racializados, y Segato (2003) aporta una mirada sobre las estructuras elementales de la violencia y su dimensión de género.

La cuarta es la teoría queer latinoamericana. Perlongher (1993) formula una territorialidad del deseo y Wayar (2018) ofrece una teoría travesti situada; ambos habilitan leer la sociabilidad disidente como reterritorialización del espacio público y no como mera excepción.

La quinta es la ecología política y las cosmologías biocéntricas. Harvey (2004) conceptualiza la acumulación por desposesión y Fairhead et al. (2012) la extienden al green grabbing, la apropiación de la naturaleza con fines de conservación y mercado. Frente a esa lógica se ubican el ecosocialismo (Löwy, 2011), la ecología integral (Francisco, 2015) y la visión de la Pachamama como sujeto de derechos (Zaffaroni, 2011).

3. Nota metodológica y registro etnográfico

El corpus empírico es un registro de campo de la festividad patronal en honor al Señor y la Virgen del Milagro en Piquete de Anta, celebrada el 15 de septiembre de 2026, compuesto por registros de audio y su sistematización en un documento de trabajo (Pequeño Ragone, 2026a). Incluye la homilía del Padre Arturo, la locución oficial del evento, el orden de la procesión, el desfile de fortines gauchos, la feria que rodea la celebración y las interacciones informales de un grupo de jóvenes varones gays/queer en los márgenes de la fiesta[1] .

Se adopta una perspectiva interpretativa en el sentido de Geertz (1973), que privilegia la descripción densa de las prácticas y de los sentidos que los actores les asignan. Las frases entrecomilladas que siguen son las consignadas en el registro; se las utiliza como datos y no como ilustraciones. Los interlocutores no son individualizados: el registro documenta interacciones informales y no entrevistas, por lo que se trabaja con la categoría de grupo. El registro se complementa con literatura regional (Dávalos, Diez Gómez, Miy, Espinosa, Patrón Costas) y con el informe sobre violencia institucional en el Distrito Judicial Sur (Pequeño Ragone, 2026b).

4. Genealogía territorial: de la frontera al latifundio y a la acumulación verde

Anta ha sufrido un proceso ininterrumpido de acumulación por desposesión (Harvey, 2004). Las crónicas históricas y ficcionales sobre los puesteros y campesinos subordinados al patrón (Dávalos, 1928a, 1928b), y la memoria del latifundio tradicional encabezado por figuras como Luis Patrón Costas (1985/2007), muestran un régimen de tierra de alta concentración. En las últimas décadas, el avance de la frontera agraria expulsó a comunidades campesinas e indígenas y alteró drásticamente el ecosistema hídrico y forestal (Diez Gómez, 2003, 2006a, 2012; Espinosa, 2006).

Ese proceso se profundiza hoy bajo el experimento del modelo ultraliberal y de las extremas derechas globales, orientado al desmantelamiento de las regulaciones estatales y la privatización de bienes comunes, a una apertura restrictiva al capital agroexportador transnacional que convierte suelos fértiles en monocultivos industriales, y al desplazamiento de familias rurales hacia las periferias de poblados como Las Lajitas, Piquete de Anta o Joaquín V. González. Ese desplazamiento las priva de sus medios tradicionales de subsistencia y reproducción comunitaria.

A la deforestación sojera se suma una acumulación verde (Fairhead et al., 2012): la reconversión de antiguas estancias o zonas forestales en áreas protegidas privadas, reservas de ecoturismo (como el paradigma histórico de la Estancia El Rey; Patrón Costas, 1985/2007) y proyectos bursátiles de compensación de emisiones. El capital internacional impone así un nuevo modo de gobierno sobre la naturaleza (Brockington, 2009; Duffy, 2010). Esta lógica fetichiza la naturaleza como espacio "prístino" y "sin humanos", y legitima el despojo de los pobladores que han habitado comunitariamente el monte.

La dominación económica del latifundio exige, a su vez, un aparato coercitivo. En el Distrito Judicial Sur de Salta, la violencia institucional opera como brazo armado del capital (Pequeño Ragone, 2026b; Zaffaroni, 2011). Lo hacen la arbitrariedad policial, la criminalización de la protesta campesina, las detenciones injustificadas y el sesgo de clase y etnia en el sistema penal rural, que garantizan la inviolabilidad de la propiedad concentrada.

5. El ritual como campo de disputa: la festividad de Piquete de Anta

La festividad del 15 de septiembre de 2026 reúne varios dispositivos en un mismo espacio: la liturgia y la homilía, la procesión de las imágenes sagradas del Señor y la Virgen del Milagro, el desfile de fortines gauchos, la locución oficial que narra y encuadra lo que sucede, y una feria donde se vende y se come. El registro muestra una marcada tensión entre la doctrina eclesiástica institucional y las prácticas multisensoriales y populares de la asamblea devota (Pequeño Ragone, 2026a).

Ese carácter de campo, en el sentido de Turner (1974), es lo que vuelve productivo el análisis. Por un lado, la Iglesia, las autoridades civiles y la locución oficial proponen un orden moral y político. Por otro, la calle y la feria lo reconfiguran mediante una multiplicidad de performatividades y comensalidades populares, que incluyen el festejo, la venta ambulante informal y la sociabilidad cotidiana. En los apartados siguientes se examinan sucesivamente el orden hegemónico y sus fisuras.

6. Pedagogía de la mortificación y orden procesional: el disciplinamiento del cuerpo rural

6.1. La homilía de la "muerte de los sentidos"

La homilía del Padre Arturo, reconocido simultáneamente como oficiante litúrgico y "cura gaucho", configura una pedagogía de la mortificación corporal y de la resignación. Mediante un análisis pormenorizado de la Pasión, el sacerdote postula la "muerte de los sentidos" de Jesucristo, con cuatro sentidos sometidos en el registro: el olfato, expuesto al hedor de los soldados; el tacto, doblegado por los latigazos y la violencia física; el oído, expuesto a los insultos y burlas de hombres "toscos y malcriados"; y el gusto, privado de dulzura y martirizado con vinagre (Pequeño Ragone, 2026a).

A partir de esa Cristología del despojo, el discurso clerical confronta lo que califica como una "cultura de la exigencia egoísta". Denosta expresiones populares como "yo merezco respeto", "yo merezco vacaciones" o "yo merezco un asado", y resignifica los reclamos por derechos laborales, bienestar corporal o descanso como síntomas de soberbia espiritual. La fe queda definida como un pacto de fidelidad y de sufrimiento silencioso (Pequeño Ragone, 2026a).

Esta teología del sacrificio es funcional a la aceptación pasiva del orden socioeconómico desigual, en consonancia con lo que la sociología de la religión describe como matrices de un catolicismo que naturaliza el orden social (Mallimaci, 2015). Exige al campesinado y a los trabajadores rurales la aceptación de privaciones estructurales que no derivan de un destino teologal sino de un modelo extractivo (Pequeño Ragone, 2026b). La lógica es explícita en el registro: quien reclama respeto, descanso o alimento es interpelado como quien incumple el pacto.

6.2. El orden procesional y la locución oficial

La articulación entre poder religioso, político y policial se escenifica en el orden procesional. Las imágenes sagradas son escoltadas en primer término por el Intendente municipal y las autoridades policiales, judiciales y educativas, ubicadas inmediatamente detrás de las imágenes y por delante del pueblo devoto, que queda relegado a los márgenes del cortejo (Pequeño Ragone, 2026a). La topografía del cortejo traduce así una jerarquía: lo sagrado, la autoridad estatal y la fuerza coercitiva preceden a la comunidad.

La locución oficial refuerza ese orden al exhortar a la asamblea a comportarse "como buenos cristianos". La práctica de la fe se vincula con la recolección individual de residuos, la limpieza urbana, el acatamiento de las normas de tránsito y el mantenimiento de la paz social (Pequeño Ragone, 2026a). Este mensaje traduce la responsabilidad ambiental en una norma de higiene y comportamiento cívico y encauza la conducta comunitaria bajo el paraguas de la moralización y la vigilancia policial, con un potencial de domesticación de la conflictividad socioambiental (Cannell, 2006; Segato, 2003).

Cabe leer aquí una moralización de la pobreza. La exhortación a no exigir comodidad ni servicios convierte en virtud cristiana la aceptación de carencias de infraestructura, como la falta de sanitarios públicos o la precariedad del transporte, que el propio registro etnográfico documenta. Al mismo tiempo, la responsabilidad ambiental se individualiza. Mientras se exige al poblador rural la gestión responsable de sus desperdicios, la reconversión de grandes extensiones de monte en monocultivo, reservas privadas o proyectos de compensación de carbono queda fuera del discurso (Fairhead et al., 2012; Pequeño Ragone, 2026a).

6.3. El poder de policía como garantía última

El orden procesional no es una coincidencia simbólica. En el Distrito Judicial Sur, la policía actúa como fuerza de choque para el saneamiento de títulos a favor de grupos agroindustriales, la persecución de familias ocupantes de tierras ancestrales y la criminalización de la juventud rural marginada (Pequeño Ragone, 2026b). La selectividad del sistema penal recae sobre los cuerpos empobrecidos y racializados y convierte la contención punitiva en garantía de la propiedad privada concentrada (Zaffaroni, 2011). Que las autoridades policiales y judiciales ocupen un lugar preeminente en la procesión inscribe esa función de garantía en el espacio mismo de lo sagrado. Queda fuera de este análisis por ahora, una etnografía de las relaciones de proximidad entre pueblo y policías, perfectamente conocido y sostenido por el Ministerio de Seguridad de la Provincia, que agrava la situación de intervención policial al aparecer el uso del uniforme policial como resolución de conflictos vecinales de proximidad.

7. Masculinidad gaucha y complementariedad patriarcal

En la literatura de Dávalos, el gaucho y el puestero de Anta se caracterizan por una amalgama de destreza física, sobriedad, resignación ante las inclemencias del monte y lealtad abnegada al propietario de la tierra (Dávalos, 1928a, 1928b, 1928c). Esa narrativa naturalizó la división del trabajo y la estratificación de clase. Sirvió como sustento ideológico para la consolidación del latifundio estanciero del siglo XX, ejemplificada en la Estancia El Rey (Patrón Costas, 1985/2007), donde la masculinidad campesina fue normativizada mediante el trabajo precario y el acatamiento de la autoridad del patrón. La alianza entre élite terrateniente, autoridad estatal y control socio-religioso moldeó una ciudadanía subalterna, en la que el deber cívico se asimilaba al respeto de las jerarquías tradicionales (Mallimaci, 2015).

El desfile de fortines gauchos es el dispositivo performativo que actualiza esa matriz: una invención de la tradición criolla (Hobsbawm & Ranger, 1983; Solorza, 2019) donde la comunidad celebra la labor del campo. El registro muestra que el espacio público se organiza mediante una distribución de roles rígidamente heteronormativa. La locución oficial ensalza a los jinetes como "futuros gauchos que no dejarán morir nuestra tierra", mientras encuadra a las "damas gauchas" en la esfera del cuidado doméstico y el acompañamiento subordinado. Afirma incluso que "los gauchos no son nadie" sin una mujer que sostenga la familia (Pequeño Ragone, 2026a).

Este discurso configura una complementariedad patriarcal: el varón encarna la soberanía pública sobre el caballo y la mujer garantiza la reproducción biológica y moral de la comunidad rural. En términos analíticos, la masculinidad gaucha ritualizada tiene cuatro dimensiones. La económica es el trabajo servil o precarizado para el patrón. La ritual es la soberanía a caballo en el desfile. La genérica es el patriarcado heteronormativo de la "dama gaucha". La política es la alianza con la policía y la jerarquía estanciera (Dávalos, 1928a; Pequeño Ragone, 2026a, 2026b).

8. La mirada queer y la desterritorialización del desfile

8.1. El derecho a la mirada homoerótica

Pese al rigor del orden patronal, litúrgico y policial, el territorio no asfixia la emergencia de subjetividades disidentes. El registro documenta a un grupo de jóvenes varones gays/queer que habitan la tensión de vivir en centros urbanos o retornar desde ellos a sus comunidades rurales de origen. Su sociabilidad informal en los márgenes de la fiesta subvierte la solemnidad patriarcal del acto mediante humor camp [2], erotización del entorno y coqueteo disimulado (Pequeño Ragone, 2026a).

Ejercen el derecho a la mirada homoerótica sobre los cuerpos de los jinetes. Las frases del registro lo evidencian: "se lo pasan mirando más", "chicos muy lindos", y la evocación de ligues pasados con "antes sí sabía pedir número". El desfile, concebido como escaparate de la virilidad hegemónica, es reapropiado como escenario de circulación deseante (Pequeño Ragone, 2026a).

Siguiendo la noción de territorialidad del deseo de Perlongher (1993) y los desarrollos de Wayar (2018), esta práctica constituye una desterritorialización del espacio gaucho, con tres efectos. Primero, la masculinidad del jinete es despojada de su aureola de autoridad patriarcal y devuelta al plano de la corporalidad expuesta y consumible. Segundo, se subvierte la jerarquía clerical. La fascinación ante el "cura gaucho coqueando" ("un cura coqueando y desfilando... está bonito") muestra que la subjetividad queer habita el ritual sin someterse al dogma. No rechaza la tradición local sino que la consume desde un barroquismo popular que celebra la hibridez del sacerdote sin validar su prédica de mortificación (Pequeño Ragone, 2026a). Tercero, se reapropian saberes tradicionales, como se ve en la atención de los jóvenes a la elaboración de la gastronomía ferial y a la incorporación de tecnologías de cobro (véase el apartado 9).

Esta lectura contrasta con el marco patriarcal: mientras la locución define a los "gauchos" por su relación con la mujer que sostiene la familia, la mirada queer los vuelve objeto de deseo y suspende su función simbólica. Es una fisura, no una ruptura total. Los jóvenes no abandonan la fiesta ni impugnan frontalmente a la Iglesia, sino que negocian su pertenencia sin renunciar a su libertad erótica.

8.2. Sujetos translocales y ética del cuidado entre pares

El registro revela también una ética del cuidado entre pares en el medio rural. Frente a las hostilidades del clima, como el sol abrasador que daña los teléfonos, y a las carencias del entorno, como la falta de baños públicos, el grupo actúa como un espacio seguro (safe space) flotante. Los jóvenes organizan la búsqueda de sanitarios, protegen los dispositivos electrónicos, conducen el vehículo esquivando los pozos del río y calculan el retorno a las 14:00 h para el almuerzo familiar (Pequeño Ragone, 2026a).

Ese conjunto de prácticas indica que no se trata de agentes externos desarraigados. Son sujetos translocales con un conocimiento técnico y afectivo de la geografía de Anta, que respetan los lazos familiares y navegan el terreno rural. La disidencia sexual, en este caso, se despliega dentro del entramado comunitario y no fuera de él. Ello desmiente la asociación frecuente entre disidencia y desarraigo, o entre ruralidad y homogeneidad de género, que el discurso oficial de la fiesta presupone.

9. Comensalidad, economía ferial y ecología del cuidado habitado

9.1. La feria como territorio habitado

La feria que rodea la procesión y el desfile es un espacio de dinamismo económico y sociabilidad popular. Los vendedores ambulantes ofrecen helados, ensaladas de fruta y golosinas artesanales, como las manzanas acarameladas. El registro consigna sus técnicas de elaboración: el escaldado del fruto en agua hirviendo, la selección de la fruta sana, el uso de azúcar rubia y de colorante. Esos saberes son compartidos y valorados por los propios asistentes (Pequeño Ragone, 2026a). Los puestos incorporan además transferencias bancarias, cobros mediante Mercado Pago y Posnet, con conectividad digital, en plena calle (Pequeño Ragone, 2026a).

Lejos de la imagen de un campesinado arcaico o aislado, la feria muestra una alta capacidad de adaptación tecnológica. Y frente a la narrativa de la economía verde corporativa, que fetichiza la naturaleza como espacio "prístino" y deshabitado (Fairhead et al., 2012), la comensalidad, el comercio ambulante y el disfrute colectivo afirman el derecho al goce del territorio y al sustento económico autónomo. El monte y el pueblo se muestran como espacios vivos de reproducción social y no como reservas contemplativas para el mercado financiero.

9.2. Una ecología popular encarnada

Frente a una gubernamentalidad ambiental impulsada "desde arriba" por organismos externos o mercados de carbono, la población local despliega una ecología popular encarnada, basada en el conocimiento práctico del terreno y en redes de cuidado mutuo. Los asistentes navegan constantemente las condiciones materiales y climáticas del entorno. Protegen los dispositivos de la radiación solar, buscan sanitarios en un entorno de infraestructura escasa y gestionan la circulación vehicular teniendo en cuenta el cauce del río, sus pozos y grietas, y el paso de los caballos (Pequeño Ragone, 2026a).

Ese saber geográfico y afectivo, que contempla la física de la zona, las crecidas del río y la protección recíproca ante el sol, constituye un modo de habitar la tierra que contrasta con la conservación mercantilizada. Las economías verdes reducen la naturaleza a toneladas de carbono capturado o a postales turísticas (Brockington, 2009; Duffy, 2010). Las comunidades locales, en cambio, cuidan el territorio porque es la trama donde transcurren sus lazos familiares, su memoria religiosa y su trabajo diario.

10. Contramemoria hídrica, ficción y mitología

Frente a la alianza entre latifundio agroindustrial, gubernamentalidad verde y disciplinamiento punitivo-religioso, la cultura local preserva trincheras de resistencia simbólica.

10.1. Del río vivo a los madrejones

Los cursos hídricos de Anta de la cuenca noreste, entre ellos el Río del Valle, el Río Dorado, el Pasaje o Juramento y el Río Seco, fueron los ejes sobre los cuales se articularon los asentamientos indígenas (mataguayos, mocovíes, abipones), las misiones jesuíticas y franciscanas, las reducciones y los antiguos fuertes de la frontera colonial (Diez Gómez, 2006a, 2012; Espinosa, 2006). Hay que mencionar además los ríos Castellanos y Guanaco de la cuenca este.  Diez Gómez (2006a, 2012) reconstruye la transición desde un cauce navegable y proveedor de vida, sostén de moliendas e ingenios como Palermo, hacia su deterioro hidro-ecológico. La tala de quebrachales en los obrajes a mediados del siglo XX y la desviación de corrientes para el riego intensivo de la "sociedad cerealera" sojera fragmentaron el paisaje y convirtieron lechos caudalosos en cauces secos y madrejones aislados (Diez Gómez, 2003, 2012).

Frente a esa mutilación, la poesía de Madrejones de olvido (Diez Gómez, 2003) actúa como una elegía crítica que devuelve voz a hacheros, zorreros y carreros de los obrajes de Las Lajitas y Orán ("Las Bateas", "El Carmen"), y nombra la herida del territorio frente al golpe de las sierras y los aserraderos que "desbajera el monte". Al nombrar los madrejones, la memoria poética custodia el recuerdo de la abundancia hídrica perdida y denuncia la desposesión de las poblaciones rurales empobrecidas.

10.2. El habitar puestero en la ficción de Dávalos

La producción de Dávalos (1928a, 1928b, 1928c) caracteriza la subjetividad rural anteña previa al arrasamiento agroindustrial masivo. Sus puesteros y gauchos, como Cruz Guíez o Martín Madrid en la Estancia El Rey (Patrón Costas, 1985/2007), son expertos conocedores del monte, poseedores de un saber técnico, lingüístico y afectivo sobre el territorio. Se retratan la lectura del rastro, la doma paciente, el enfrentamiento con tigres o yaguaretés y con las crecientes de las quebradas, y la vida en puestos dispersos como Santa Elena, La Sala, Los Naranjos o Zoco Hondo.

Esta caracterización presenta una tensión con lo dicho en el apartado 7. La misma literatura que alimentó el ideal de gaucho leal y resignado también conserva el retrato de una autonomía campesina y de un saber biocéntrico que el discurso estanciero reducía a insumo productivo. Los registros históricos de Espinosa (2006) muestran, además, que los campesinos y los habitantes fronterizos se adaptaron y resistieron. Al rescatar la oralidad, los ruralismos, el léxico de raíces quechuas y las prácticas de solidaridad en el puesto, la ficción davaliana preserva una memoria del habitar rural que es contrapunto a la desertificación biológica y cultural provocada por la maquinaria moderna.

10.3. El mito como teoría popular de la justicia

El corpus mitológico recopilado por Diez Gómez (2006b) y Miy (2000) opera como código de regulación moral y resistencia cosmogónica frente a los excesos del poder y el despojo. Incluye el Almamula o Mulánima, que sanciona las uniones prohibidas y la ruptura de lazos comunitarios; la Umita, cabeza sintiente que ofrece consuelo a los caminantes perdidos a orillas del Río Dorado y del Río del Valle; el Ucumar y el Basilisco, seres híbridos de las Sierras del Maíz Gordo y del Parque Nacional El Rey que encarnan una naturaleza no subordinada al dominio humano; y la leyenda moderna del camión o tractor que nunca llega, bramido fantasmal de maquinaria pesada que jamás arriba a destino y simboliza el espejismo y la amenaza del desarrollo técnico.

Adquieren especial relevancia las leyendas de Esteco y de El Piquete, que relatan la ruina de ciudades prósperas castigadas por la soberbia de sus élites, el maltrato a los pobres y la profanación de los bienes comunitarios, como pisar el pan sobre el barro o la muerte violenta del caudillo Jesús María Matorras en El Piquete (Diez Gómez, 2006b). Mitos como El Familiar, asociado a los dueños de ingenios o grandes propiedades que pactaban con el Diablo entregando la vida de sus peones a cambio de riqueza, expresan la interpretación campesina del carácter demoníaco de la acumulación a costa del sufrimiento popular. Los mitos son así teorías populares sobre la justicia, el límite ético del extractivismo y la sacralidad de la tierra.

10.4. Cosmologías biocéntricas y resignificación de la devoción

Esta contramemoria entronca con matrices teórico-políticas más amplias: el ecosocialismo (Löwy, 2011), la ecología integral del Papa Francisco (Francisco, 2015) y la visión de la Pachamama como sujeto de derechos (Zaffaroni, 2011). Todas denuncian que la mercantilización de la naturaleza, sea como agronegocio o como bonos de carbono, prolonga el despojo colonial, y sostienen que la naturaleza no es un activo financiero ni un parque contemplativo para las élites, sino la casa común cuyo saqueo destruye a las comunidades más vulnerables. Los textos de Miy (2000) sobre fe, naturaleza y tradición en el valle de Anta rescatan una religiosidad ligada a la tierra que se distancia de la mortificación clerical.

Desde esta perspectiva, la devoción popular al Señor y la Virgen del Milagro, cuando es despojada de su envoltura elitista y puesta en manos del pueblo peregrino, recupera un potencial emancipador. Puede leerse, entonces, como un clamor por la justicia territorial y la dignidad de los cuerpos y no como aceptación de la resignación (Francisco, 2015; Mallimaci, 2015).

11. Discusión

El análisis hasta aquí desarrollado permite formular cuatro observaciones.

Primero, el ritual es simultáneamente instrumento de reproducción y espacio de disputa. La homilía de la mortificación, el orden procesional y la locución de los "buenos cristianos" constituyen un dispositivo coherente de disciplinamiento moral, político y policial (Mallimaci, 2015; Pequeño Ragone, 2026a, 2026b). Pero el mismo espacio es habitado por prácticas que no responden a ese guion: la feria, la comensalidad, la mirada homoerótica y el cuidado entre pares. Esto confirma que los rituales son campos y no estructuras cerradas (Turner, 1974).

Segundo, la articulación entre género, clase y territorio es constitutiva. La masculinidad gaucha no es un rasgo cultural autónomo sino una pieza de la economía política del latifundio (Dávalos, 1928a; Patrón Costas, 1985/2007). Por eso su desterritorialización queer no es solo una cuestión de deseo: al desnaturalizar la figura del jinete como soberano, afecta una de las imágenes que legitiman el orden agrario.

Tercero, la moralización del cuidado ambiental y la violencia institucional forman parte de un mismo régimen. La exhortación a la limpieza y al orden vial convive con una política de tierras en la que la policía garantiza la propiedad concentrada (Pequeño Ragone, 2026b; Zaffaroni, 2011). Y la responsabilidad ambiental individualizada contrasta con la acumulación verde corporativa (Fairhead et al., 2012).

Cuarto, la resistencia adopta formas no espectaculares. No aparece en el registro como protesta abierta, sino como saber práctico (escaldar la manzana, esquivar los pozos del río, proteger los teléfonos del sol), como cuidado mutuo y como humor camp. A escala regional, aparece como memoria poética y mítica. Esa micropolítica cotidiana es la que conecta la fiesta con las narrativas de contramemoria (Diez Gómez, 2003, 2006b; Perlongher, 1993).

Como límite, el registro se basa en una sola festividad y en interacciones informales de un grupo reducido. Sus conclusiones son interpretativas y no generalizables al conjunto de la ruralidad anteña, y deberían ponerse a prueba con otras ediciones de la fiesta y con voces de otros sectores de la comunidad.

12. Conclusiones

Anta no es únicamente un suelo de alta rentabilidad para la agroexportación y la especulación financiera verde, sino un laboratorio [3] socioterritorial y cultural en disputa. La masculinidad gaucha, construida como brazo viril del latifundio y del orden patriarcal-estanciero, coexiste con coerciones policiales y con teologías de la resignación que buscan neutralizar la capacidad transformadora del campesinado (Pequeño Ragone, 2026a, 2026b; Zaffaroni, 2011).

El registro etnográfico de Piquete de Anta muestra, sin embargo, fisuras de ese proyecto hegemónico. La mirada queer y translocal de los jóvenes disidentes desarticula la gravedad de la masculinidad gaucha y convierte la calle procesional en espacio de deseo, cuidado mutuo y desterritorialización erótica (Perlongher, 1993; Wayar, 2018). La feria y su comensalidad afirman un territorio habitado frente a la fantasía del ecoturismo prístino. La contramemoria hídrica, ficcional y mítica (Diez Gómez, 2003, 2006a, 2006b; Dávalos, 1928a) y las cosmologías biocéntricas (Francisco, 2015; Löwy, 2011; Zaffaroni, 2011) ofrecen los recursos simbólicos para reimaginar la dignidad, la justicia y la libertad en el territorio.

La religiosidad popular, en suma, no se somete pasivamente al mandato de mortificación ni a las exigencias del mercado verde. Negocia lo sagrado desde la autonomía corporal, afectiva y territorial y sostiene la certeza de que la tierra es un espacio habitado que no se puede alienar.


 

Referencias

1.      Brockington, D. (2009). Celebrity and the environment: Fame, wealth and power in conservation. Zed Books.

2.      Cannell, F. (Ed.). (2006). The anthropology of Christianity. Duke University Press.

3.      Dávalos, J. C. (1928a). Los gauchos. Talleres Gráficos Argentinos.

4.      Dávalos, J. C. (1928b). Los puesteros. Talleres Gráficos Argentinos.

5.      Dávalos, J. C. (1928c). Tipos campesinos. Talleres Gráficos Argentinos.

6.      Diez Gómez, S. M. (2003). Madrejones de olvido. Ediciones del Parque.

7.      Diez Gómez, S. M. (2006a). Las Lajitas: El río y sus memorias. Fondo Editorial Fundación CAPACIT-AR del NOA.

8.      Diez Gómez, S. M. (2006b). Mitos de Anta (publicado junto a Leyendas de Anta). Fondo Editorial de Salta.

9.      Diez Gómez, S. M. (2012). Los tiempos del río: Las Lajitas. Fondo Editorial de la Secretaría de Cultura de la Provincia de Salta.

10.  Duffy, R. (2010). Nature crime: How ecology in the dark is killing wildlife and people. Yale University Press.

11.  Espinosa, R. (2006). La antigua frontera del Este: Nuevos aportes para una historia regional. Fondo Editorial de Salta.

12.  Fairhead, J., Leach, M., & Scoones, I. (2012). Green grabbing: A new appropriation of nature? The Journal of Peasant Studies, 39(2), 237–261. https://doi.org/10.1080/03066150.2012.671770

13.  Francisco. (2015). Carta encíclica Laudato si': Sobre el cuidado de la casa común. Tipografía Vaticana.

14.  Geertz, C. (1973). The interpretation of cultures. Basic Books.

15.  Harvey, D. (2004). The "new" imperialism: Accumulation by dispossession. Socialist Register, 40, 63–87.

16.  Hobsbawm, E., & Ranger, T. (Eds.). (1983). The invention of tradition. Cambridge University Press.

17.  Löwy, M. (2011). Ecosocialismo: La alternativa utópica al capitalismo extractivista. El Colectivo.

18.  Mallimaci, F. (2015). El mito de la Argentina laica: Catolicismo, política y Estado. Capital Intelectual.

19.  Miy, S. (2000). Fe, naturaleza y tradición en el valle de Anta. Editorial Hanne.

20.  Patrón Costas, L. (2007). Estancia El Rey. Fondo Editorial de Salta. (Obra original publicada en 1985)

21.  Pequeño Ragone, F. (2026a). Celebración litúrgica, renovación del pacto de fidelidad y manifestación de la tradición gaucha en Piquete de Anta: Análisis de la festividad patronal en honor al Señor y la Virgen del Milagro [Documento de trabajo de campo, registros de audio del 15 de septiembre de 2026]. Manuscrito inédito.

22.  Pequeño Ragone, F. (2026b). Anatomía de la violencia institucional en el Distrito Judicial Sur [Informe de investigación penal e institucional]. Manuscrito inédito.

23.  Perlongher, N. (1993). Prosa plebeya: Ensayos 1980-1992. Colihue.

24.  Segato, R. L. (2003). Las estructuras elementales de la violencia: Ensayos sobre género entre antropología, psicoanálisis y derechos humanos. Prometeo; Universidad Nacional de Quilmes.

25.  Solorza, R. (2019). El campamento principal de Güemes: Identidad y fortines en la frontera salteña. Instituto Güemesiano.

26.  Turner, V. (1974). Dramas, fields, and metaphors: Symbolic action in human society. Cornell University Press.

27.  Wayar, M. (2018). Travesti: Una teoría lo suficientemente buena. Muchas Nueces.

28.  Zaffaroni, E. R. (2011). La Pachamama y el humano. Ediciones Madres de Plaza de Mayo; Colihue.



[1] Una presentación del texto etnográfico puede revisarse en línea: https://fincalospozos.blogspot.com/2026/09/una-fiesta-con-muchas-voces-milagro-en.html ´.El 15 de septiembre de 2026, Piquete de Anta celebró al Señor y a la Virgen del Milagro con una misa, una procesión y un desfile de gauchos a caballo. Estuve ahí, y escuché un sacerdote que habla de renunciar a lo que creemos merecer, una locutora que convierte el desfile en ofrenda, una feria que cobra por transferencia y un grupo de jóvenes gays que miran, ríen, aprenden una receta y cuidan del regreso a casa. Entre el rito solemne del templo y la fiesta que se despliega afuera, descubrí que lo popular no se opone a la fe, sino que la traduce a su propio idioma. Y que, cuando la tradición es de todos, también sabe resistir con humor, deseo y memoria. (Fernando Pequeño Ragone, 15 set 2026).

[2] El término "camp" (teorizado en los estudios culturales y adaptado a la teoría queer latinoamericana por autores como Néstor Perlongher y Marlene Wayar) designa una sensibilidad, estética y modo de humor basado en la ironía, la teatralidad, la exageración afectuosa, la apreciación del artificio y la parodia de formas culturales solemnes o tradicionales. En la cultura queer, el humor camp funciona como una estrategia histórica para habitar espacios conservadores o patriarcales sin dejarse oprimir por ellos, transformando la rigidez del orden dominante en juego, estética y deseo.

[3] Aquí “laboratorio” refiere al espacio donde se están "experimentando" y poniendo a prueba, de manera simultánea y en tensión, varias dinámicas sociales enunciadas en el cuerpo del texto.

 

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