viernes, 6 de febrero de 2026

Desprotección estratégica: El impacto de la reforma de la Ley de Glaciares en el acceso al agua y la soberanía ambiental

Esta reflexión constituye un aporte fundamental de la Asociación Miguel Ragone para la Asociación RE.VER.DECER en el marco de su plan de acción estratégico de resistencia sobre la protección ambiental. 


El presente diagnóstico advierte que la propuesta de reforma a la Ley de Glaciares representa un viraje crítico desde un esquema de protección general y científico hacia un modelo selectivo, provincializado y funcional a las actividades extractivas, poniendo en riesgo las reservas estratégicas de agua dulce y el principio precautorio. Al condicionar la conservación a una "función hídrica efectiva" y debilitar el Inventario Nacional de Glaciares, el proyecto no solo amenaza la seguridad hídrica de las futuras generaciones, sino que también replica la lógica de desregulación ambiental observada en Salta con la Ley de OTBN, subordinando los presupuestos mínimos ambientales a intereses económicos de corto plazo. Como se ha señalado, este análisis es un aporte de la Asociación Miguel Ragone para la Asociación RE.VER.DECER en su plan de acción estratégico de resistencia sobre la protección ambiental, denunciando una desarticulación de la matriz democrática y un debilitamiento de la soberanía sobre los bienes comunes.


Sintesis uno. 


Sintesis dos. 


Cuando el Progreso Devora el Futuro: La Ofensiva Extractivista contra los Bienes Comunes en Argentina

Por Fernando Pequeño Ragone, con Perplexity [1], NotebookLM y Claude [2]

 

Contenidos

Cuandoel Progreso Devora el Futuro: La Ofensiva Extractivista contra los BienesComunes en Argentina

ElMismo Libreto, Distintos Escenarios

ElTablero de Actores: Intereses en Disputa

Desmontarel Discurso: El Falso Dilema entre Desarrollo y Ambiente

CuatroDimensiones Urgentes del Retroceso

DerechosHumanos, Autoritarismo y Soberanía

Líneasde Acción para Construir Resistencia

Haciauna Resistencia con Horizonte

 

 

En diciembre de 2024, mientras la atención pública se dispersaba entre crisis económicas y debates legislativos frenéticos, la provincia de Salta aprobó una ley que habilita el desmonte de 700.000 hectáreas de bosque nativo. Pocos meses después, el gobierno nacional impulsa una reforma a la Ley de Glaciares que transforma reservas estratégicas de agua en territorios negociables. Ambos movimientos no son coincidencias aisladas: son expresiones de una misma estrategia que, en nombre del desarrollo, está reconfigurando quién decide sobre nuestros bienes comunes y en beneficio de quién.

El Mismo Libreto, Distintos Escenarios

La reforma a la Ley de Glaciares y la nueva ley de Ordenamiento Territorial de Bosques Nativos (OTBN) de Salta comparten una arquitectura idéntica. Donde antes existían prohibiciones claras —no desmontar bosques protegidos, no intervenir glaciares y ambientes periglaciales—, ahora se abren puertas de entrada condicionadas a "evaluaciones caso por caso", "criterios de relevancia estratégica" y decisiones de autoridades provinciales fuertemente presionadas por intereses económicos inmediatos.

En ambos casos, el esquema es similar: se toma una ley de protección general, científica y precautoria, y se la transforma en un dispositivo flexible, provincializado y funcional a actividades extractivas. Los glaciares dejan de ser protegidos como sistema integrado con su ambiente periglacial para convertirse en unidades discretas que solo merecen resguardo si la provincia considera que tienen "función hídrica efectiva". Los bosques nativos se reclasifican para "liberar" superficie a la expansión del agronegocio, pasando categorías rojas y amarillas (máxima y media protección) a verde (desmonte posible).

El discurso legitimador también es compartido. En Salta, el gobernador Gustavo Sáenz habló de "actualizar" y "corregir" un ordenamiento "obsoleto" para "liberar el potencial productivo", invocando la necesidad de desarrollo, empleo y crecimiento. En la reforma de Glaciares, el Ejecutivo nacional y provincias mineras sostienen que la ley vigente "impide inversiones" y debe adecuarse para compatibilizar protección con explotación minera, bajo el relato de la "transición energética".

Lo que está en juego no son ajustes técnicos menores. Es la sustitución de una protección integral y preventiva —basada en presupuestos mínimos nacionales, inventarios científicos y categorías de conservación— por dispositivos "flexibles" diseñados para destrabar negocios extractivos a costa del agua, el monte nativo y los derechos de las comunidades.

El Tablero de Actores: Intereses en Disputa

Para comprender cómo se logran estas transformaciones legislativas, es necesario mapear quiénes participan del conflicto y desde qué posiciones.

Los propietarios desarrollistas —agricultores empresariales, ganaderos, inmobiliarias rurales, corporaciones mineras— ven el territorio como capital natural a valorizar. Bosques y glaciares son, desde esta perspectiva, un "stock ocioso" cuya conservación implica un "costo de oportunidad" inadmisible. Su discurso se centra en la seguridad jurídica para inversiones, la lucha contra la pobreza mediante el agronegocio y la minería, el "uso racional" de recursos y el cuestionamiento a los "fundamentalismos verdes" que "impiden el progreso". Presionan por regulaciones flexibles, permisos rápidos y la posibilidad de "regularizar" desmontes ilegales mediante amnistías ambientales.

Los funcionarios políticos —gobernadores de provincias con recursos naturales estratégicos, senadores alineados con esos ejecutivos— se presentan como defensores del "federalismo productivo", reclamando autonomía para decidir sobre sus territorios y cuestionando los "presupuestos mínimos" nacionales como trabas impuestas desde Buenos Aires. Reproducen el marco discursivo del "desarrollo o estancamiento" y legitiman la idea de que el ordenamiento ambiental vigente "no refleja la realidad" ni las "necesidades de la gente".

El gobernador Sáenz, en el caso del OTBN salteño, actuó como bisagra entre los intereses de grandes propietarios y la estructura institucional, impulsando personalmente el proyecto, priorizando su tratamiento legislativo y defendiéndolo públicamente frente a las críticas. Su papel anticipa el tipo de alineamiento que muchos gobernadores buscan reproducir en la discusión sobre Glaciares: demanda de mayor "autonomía" provincial, presión para flexibilizar normas nacionales de protección y construcción del desarrollo como antagonista de la protección ambiental.

La gente común de las zonas afectadas —pequeños productores, pobladores rurales, comunidades campesinas e indígenas— vive la tensión entre promesas de empleo e inversión y experiencias concretas de despojo, contaminación, pérdida de monte y agua. Su percepción es heterogénea: algunos pueden ver con esperanza la llegada de obras, caminos e ingresos; otros, especialmente quienes ya sufrieron desmontes y avance de la frontera agropecuaria, identifican claramente el riesgo de expulsión, desalojos y degradación ambiental. La falta de información accesible, la desigualdad de poder y la ausencia de consulta genuina hacen que su capacidad de incidencia sea muy limitada, aunque son quienes cargan con los impactos directos.

Los ambientalistas y organizaciones con conciencia del impacto —Greenpeace, FARN, la Asociación Argentina de Abogados Ambientalistas, colectivos de base, equipos de investigación— sitúan estas reformas como parte de un patrón de "avance extractivista en contexto de crisis climática y ecológica". Su discurso enfatiza la pérdida de biodiversidad, la afectación de derechos humanos (agua, alimentación, salud, vivienda), el incumplimiento de la consulta previa a pueblos indígenas y las violaciones a leyes nacionales y tratados internacionales. Greenpeace define la reforma de Glaciares como "un ataque directo al agua de los argentinos" y advierte que permitir intervenciones en zonas hoy protegidas expone a los glaciares a contaminación, destrucción y eventual desaparición.

Estas organizaciones enfrentan campañas de estigmatización ("ambientalistas anti-desarrollo", "enemigos del progreso", "funcionales a intereses externos") y un cerco mediático que margina sus argumentos de los grandes canales de circulación.

Desmontar el Discurso: El Falso Dilema entre Desarrollo y Ambiente

El relato oficial y empresarial se organiza en pares falsos que conviene desarmar:

"Desarrollo vs. ambiente": Se presenta la protección como un lujo "verde" que un país empobrecido no puede darse, invisibilizando que la destrucción de monte, agua y suelos profundiza la pobreza y la dependencia. No hay desarrollo posible sobre territorios devastados: desmontes masivos y minería sin límites generan cortos ciclos de bonanza para pocos y largos ciclos de degradación, desigualdad y conflictos para muchos.

"Producción vs. intangible": Se construye el ambiente como algo abstracto e infinito —bosques "reemplazables", agua "renovable"—, mientras se omite su carácter de soporte material limitado de la vida y de todas las economías. El ambiente no es intangible: monte nativo y glaciares son infraestructura ecológica concreta que regula clima, agua, suelos, polinización, modos de vida y culturas. Su pérdida se traduce en costos económicos, sanitarios y sociales crecientes.

El verdadero "costo de oportunidad": Cada hectárea de bosque perdida, cada cuenca afectada por intervención en glaciares o ambiente periglacial, reduce la capacidad futura de sostener producción de alimentos, agua potable y resiliencia climática. El discurso extractivista necesita convertir la crisis ecológica en un dato secundario para poder legitimar la expansión de un modelo que ya muestra límites planetarios. Por eso invoca la transición energética, la lucha contra la pobreza y la competitividad como justificación de flexibilizaciones que, en los hechos, agravan esas mismas crisis.

Cuatro Dimensiones Urgentes del Retroceso

1. Agua dulce y seguridad hídrica

Los glaciares y el ambiente periglacial son reservas estratégicas de agua dulce para generaciones presentes y futuras. La reforma erosiona este enfoque al condicionar la protección a la demostración de "función hídrica efectiva" y a decisiones provinciales sectoriales. Esto aumenta la vulnerabilidad de cuencas que dependen del aporte nival y glaciar para consumo humano, riego, generación hidroeléctrica y mantenimiento de ecosistemas. Un emprendimiento minero habilitado en área periglacial puede generar drenaje ácido o afectación de geoformas congeladas cuyo impacto sobre caudales de ríos de montaña se evidencia recién años o décadas después.

2. Degradación del principio precautorio

El principio precautorio implica que la falta de certeza científica absoluta no puede usarse como excusa para postergar medidas de protección cuando hay riesgo grave o irreversible. La reforma traslada el eje desde "prohibición preventiva en áreas sensibles" a "autorización condicionada a evaluaciones de impacto", cuya calidad y neutralidad dependen de autoridades con intereses económicos inmediatos. Esto fragmenta el enfoque ecosistémico: glaciares y ambiente periglacial dejan de ser tratados como sistema integrado para convertirse en unidades discretas, evaluadas aislada y funcionalmente.

3. Retroceso en el régimen federal de presupuestos mínimos

La Constitución argentina establece que la Nación fija presupuestos mínimos ambientales que las provincias pueden elevar pero no perforar. Al delegar en provincias la definición de qué glaciares y geoformas periglaciales entran efectivamente en el régimen de protección, se debilita el piso nacional de protección ambiental, abriendo la puerta a una "competencia a la baja" entre provincias para atraer inversiones extractivas. El Inventario Nacional, herramienta federal, se diluye en un mosaico de inventarios y criterios provinciales potencialmente divergentes y permeables a presiones sectoriales.

4. Debilitamiento del conocimiento científico

El inventario fue concebido como un relevamiento técnico exhaustivo para evitar discrecionalidades y omisiones intencionales. Con la reforma, se vuelve dinámico y sujeto a revisión política, con posibilidad de excluir glaciares "no estratégicos" según criterios acotados al aprovechamiento hídrico productivo inmediato. Esto implica pérdida de confiabilidad del inventario como herramienta científica y mayor opacidad: la ciudadanía y las comunidades locales podrían desconocer qué áreas han sido "desinventariadas" y liberadas para proyectos extractivos.

Derechos Humanos, Autoritarismo y Soberanía

Desde una perspectiva de derechos humanos, estas reformas no son ajustes técnicos: implican reconfigurar quién decide sobre bienes comunes vitales y en beneficio de quién.

El derecho humano al agua, a la alimentación adecuada, a un ambiente sano y a la autodeterminación de los pueblos indígenas se ve comprometido cuando decisiones estratégicas se toman sin consulta, con información asimétrica y en función de intereses de inversión a corto plazo. La OTBN de Salta fue fuertemente cuestionada por la falta de participación real y la ausencia de consulta previa, libre e informada a pueblos originarios, en violación del Convenio 169 de la OIT.

El avance de este modelo suele venir acompañado de mayor violencia institucional: criminalización de defensores ambientales, represión de protestas, utilización del aparato penal para desalojos y para proteger proyectos cuestionados.

En clave global, puede leerse como expresión local de un proceso más amplio: estados debilitados en su capacidad regulatoria y cooptados por agendas de extrema derecha y corporaciones transnacionales que promueven un "autoritarismo extractivo"—concentración de poder, restricción de derechos y uso del aparato estatal para garantizar la extracción de bienes comunes.

Esto conlleva una desarticulación de la matriz democrática: los grandes temas (agua, bosques, clima) se deciden por decreto, en sesiones extraordinarias exprés o a espaldas de las comunidades, erosionando el sentido de la representación y la participación. La OTBN de Salta se aprobó en un contexto de fuerte cuestionamiento social pero el gobierno provincial optó por avanzar de todos modos, utilizando mayorías legislativas alineadas y reduciendo márgenes de deliberación democrática real.

Finalmente, implica un debilitamiento de la soberanía: al flexibilizar leyes clave para atraer grandes inversiones, los Estados ceden capacidad de definir los usos del territorio a cadenas globales de valor y a tribunales arbitrales internacionales, condicionando sus políticas futuras.

En este marco, la defensa de glaciares y bosques nativos es, a la vez, una defensa de la democracia sustantiva y de la soberanía popular sobre los bienes comunes.

Líneas de Acción para Construir Resistencia

Frente a este escenario, es posible identificar líneas de acción para cada uno de los actores involucrados:

Para propietarios desarrollistas y empresariado local

  • Reconversión y transición justa: Promover incentivos y marcos que premien modelos productivos que conserven bosque (manejo forestal comunitario, agroecología, turismo de naturaleza, sistemas silvopastoriles) y desincentiven desmontes o emprendimientos de alto impacto.
  • Pactos territoriales: Abrir mesas donde estos actores incorporen criterios ecosistémicos y de derechos humanos, asumiendo que la viabilidad de sus propios emprendimientos depende de mantener el soporte ecológico.

Para funcionarios políticos

  • Reconocer límites: Asumir públicamente que el rol del Estado no es maximizar rentas extractivas sino garantizar condiciones de vida presentes y futuras, y que esto incluye respetar estrictamente normas ambientales, consulta previa y sentencias judiciales.
  • Institucionalizar participación: Establecer mecanismos obligatorios y vinculantes de audiencia pública, consulta indígena intercultural y evaluación ambiental estratégica para cualquier reforma de leyes de protección de bosques, glaciares y agua.

Para la gente común de las zonas afectadas

  • Organización comunitaria: Fortalecer asambleas, cooperativas y redes territoriales que puedan producir información propia, documentar impactos y disputar sentidos sobre "desarrollo" desde la experiencia cotidiana.
  • Articulación multiescalar: Vincular luchas locales (contra un desmonte, un proyecto minero) con redes provinciales, nacionales e internacionales que aporten visibilidad, apoyo jurídico y presión política.

Para ambientalistas y organizaciones socioambientales

  • Producción de contra-información: Elaborar mapas alternativos, peritajes independientes, dossiers de casos que muestren la relación entre desmontes/intervenciones en glaciares y vulneración de derechos humanos, para disputar el relato oficial.
  • Estrategias combinadas: Combinar litigio estratégico (acciones de inconstitucionalidad, amparos colectivos, reclamos por falta de consulta previa), incidencia parlamentaria, campañas comunicacionales y pedagogía popular ambiental, colocando la defensa de bosques y glaciares como tema de democracia y justicia social, no como agenda sectorial.

Greenpeace y otras organizaciones ya están lanzando campañas para que la ciudadanía envíe mensajes a senadores pidiendo que voten en contra de la reforma, realizando protestas en el Congreso y cuestionando la constitucionalidad de estas iniciativas.

Hacia una Resistencia con Horizonte

Estas líneas de acción apuntan a construir una resistencia que no solo diga "no" a la flexibilización de leyes ambientales, sino que proponga horizontes de vida digna y desarrollo en clave de justicia ecológica y derechos humanos.

Lo que está en juego es mucho más que glaciares o bosques aislados. Es el acceso al agua como derecho humano esencial, la posibilidad de sostener economías regionales, la supervivencia de comunidades enteras y la capacidad de las generaciones futuras de habitar territorios que hoy estamos decidiendo sacrificar.

El modelo extractivista, en nombre del progreso, profundiza la desigualdad, el autoritarismo y la pérdida de soberanía sobre los territorios. Frente a ello, la defensa de los bienes comunes se vuelve un acto de resistencia democrática y un ejercicio de soberanía popular.

Como advierte el manifiesto de Fundación REVERDECER: los efectos de estas reformas no serán inmediatos, pero sí profundos y duraderos. Afectarán cuencas, economías regionales y comunidades enteras, transformando lenta pero persistentemente territorios de montaña y bosque en zonas de sacrificio.

La pregunta que nos interpela es simple y urgente: ¿qué país queremos dejarles a quienes vendrán? ¿Uno donde el agua, la vida y el futuro sean negociables, o uno donde los bienes comunes estén genuinamente protegidos para garantizar la vida de todos?

 



[1] Orden (Perplexity): Contempla las proposiciones en el documento adjunto (Manifiesto de la Fundación RE.VER.DE.SER). Desarrolla ampliamente y selecciona las dimensiones más urgentes y de impacto estructural futuro del retroceso de la protección ambiental que supone la modificación en la Ley de Glaciares. Indica los puntos centrales de la modificación en el texto de la ley.

[2] Orden (Claude): Construye un ensayo con el texto que te adjunto. Encuentra un título general. En estilo de divulgación para un público general. Concéntrate en los puntos que a continuación de menciono. Compara las dimensiones que indicas como más urgentes a subrayar en el debate público, con la Ley de OTBN sancionada en Salta en diciembre de 2024. Establece comparaciones sobre cómo el loby desarrollista y extractivista consiguió el desmonte de 700 mil hectáreas apelando al mismo criterio que hoy busca el gobierno nacional sobre la desregulación de la protección integral que prevé la ley. Desarrolla líneas de comprensión hipotéticas y generales sobre cómo se posicionan los actores involucrados: los propietarios desarrollistas del suelo, los funcionarios políticos (Senadores y Gobernadores), la gente común que vive en las zonas que serán afectadas y los ambientalistas con conciencia del impacto. Desmiembra el discurso de la necesidad de desarrollo hoy frente al ambiente intangible e infinito. Concluye con una meritación profunda desde la perspectiva de derechos humanos que advierte el aumento de la violencia institucional, de la expansión de estados autoritarios cooptados por extremas derecha planetarias, la desarticulación de la matriz democrática y el debilitamiento de la soberanía. Enuncia líneas de acción para cada uno de los actores antes mencionados, para comenzar a armar una resistencia.


No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Radio Abierta por la Defensa de los Glaciares en Salta: Crónica y Análisis Estratégico

  La Radio Abierta de la Fundacion R.E.VERDECER en Salta Por Fernando Pequeño Ragone, asistido por NotbookLM [1] Bajo el calor de la P...